Tal y como comentamos tras abordar la psicosis, retornamos a cauces neuróticos con una serie de entradas (cuatro en total) destinadas a arrojar un poco de luz sobre el clásico concepto de Superyó:

En pasadas entradas hemos ido desglosando las instancias del Ello y el Yo en virtud de su articulación con la segunda tópica freudiana. Analizamos el carácter instintivo, omnipotente, atemporal y anobjetal del Ello, cristalizado en el inconsciente y reprimido en una niñez eterna, en un más allá del estadio del espejo y de la relación con terceros. Esta instancia primitiva, sede de la necesidad, cumplía una doble función: la de motor pulsional del aparato intrapsíquico y, después del advenimiento de una primera frustración, almacén de los significantes (o representaciones) reprimidos por el preconsciente simbólico.
A partir de la citada primera frustración (Nombre del Padre mediante), el niño es expulsado del acomodaticio narcisismo primario, hallándose exiliado a un universo imaginario que se ve obligado a compartir con otros. Inaugurando el Yo en dicho proceso, el infante ve sometidas sus necesidades y deseos a un creciente número de leyes externas. La libido libre del Ello (embajadora de un país anárquico y sin leyes), debe atravesar una aduana en la que se le exige atenerse a las primeras normativas simbólicas.
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El superyo I. Segunda tópica: tres inquilinos
En pasadas entradas hemos ido desglosando las instancias del Ello y el Yo en virtud de su articulación con la segunda tópica freudiana. Analizamos el carácter instintivo, omnipotente, atemporal y anobjetal del Ello, cristalizado en el inconsciente y reprimido en una niñez eterna, en un más allá del estadio del espejo y de la relación con terceros. Esta instancia primitiva, sede de la necesidad, cumplía una doble función: la de motor pulsional del aparato intrapsíquico y, después del advenimiento de una primera frustración, almacén de los significantes (o representaciones) reprimidos por el preconsciente simbólico.
A partir de la citada primera frustración (Nombre del Padre mediante), el niño es expulsado del acomodaticio narcisismo primario, hallándose exiliado a un universo imaginario que se ve obligado a compartir con otros. Inaugurando el Yo en dicho proceso, el infante ve sometidas sus necesidades y deseos a un creciente número de leyes externas. La libido libre del Ello (embajadora de un país anárquico y sin leyes), debe atravesar una aduana en la que se le exige atenerse a las primeras normativas simbólicas.
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7 comentarios:
Por mí genial, ahora puedo hacer el seguimiento del blog desde el celular.
¡Y enhorabuena por los contenidos!
querido gerar, felicitarte por el sundo premio que te otorga el blog de stulfiter.
un abrazo
¡¡Muchisimas Felicidades Gerardo!!Te deseo que siga teniendo mucho éxito tu blog. El contenido el excepcional. Un abrazo.
Gerardo, entonces el perverso y el psicópata tienen en común un Superyó mudo, porque la instancia como tal está, otra cosa es que su Yo contemple las normas que lo componen. Por cierto, felicidades por el blog en general y por los escritos en particular. Un abrazo.
Ana, por decirlo de alguna manera el psicópata tiene hecha la "preinstalación" del superyo, pese a no tenerlo operativo. Realizó en su momento la adquisición de la metáfora paterna (que le alejó de la psicosis), más la prägung posterior (etapa fálica) fue deficitaria, por lo que la introyección del superyó no se efectuó correctamente, quedando transgredido.
totalmente de acuerdo con el articulo de gerardo, les recomiendo que lo lean
genial el contenido me aclara muchas dudas, gracias el contenido es excepsional
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