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22 septiembre 2008

El estadio del espejo III. La trampa del lenguaje

Para concluir la serie de entradas relativas al estadio del espejo, hoy abordaremos los pormenores del aspecto lingüístico.
Ya desde los primeros meses, el lenguaje se erige como representante de la ley. Los significantes se nos imponen como un código simbólico preestablecido, a modo de pago ineludible por haber abandonado la metacomunicación silenciosa con la madre y haber ingresado en el universo de la demanda.
El discurso (como el estilo, en palabras de Lacan) es el hombre al que se dirige, y bajo esa premisa el lenguaje se puebla de fantasmas, balbucea, tornándose tan subjetivo como nuestra sesgadísima percepción del interlocutor. Recordemos que el tesoro de los significantes siempre se ubica en territorio del otro.
Y es que nuestro discurso, embajador cotidiano de la especularidad, se constituye como un intento de acceder a una comunicación con el receptor, empresa frustrante al percibir que no compartimos idéntico simbólico que nuestro reflejo.
Justo ahí, en las fallas de nuestras cadenas significantes, en la incapacidad del sujeto del enunciado para nomenclar nuestra verdad, es donde Freud ubicaba el segundo discurso, el del sujeto del inconsciente.

18 septiembre 2008

El estadio del espejo II. La vida es puro teatro

O sueño, a la manera de Calderón.
El artículo de hoy traspasa el espejo e irrumpe en el escenario de lo cotidiano. Anudando subjetividades, analizaremos el frágil tejido del imaginario.
Ya antes de que los hermanos Wachowski nos invitaran a adentrarnos en la madriguera del conejo, toda una corriente filosófica y epistemológica (con Kant a la cabeza) nos instaba a desconfiar de lo real y lo aparente. Lacan, por su parte, bebió del constructivismo y renombró a nuestro real como imaginario, campo de juegos de vanidades y yoes a la deriva.
El texto que hoy nos ocupa se posiciona en el entreacto, a medio camino entre una subjetividad enmarañada de lambdas y el solipsismo de la omnipotencia de pensamiento.

17 septiembre 2008

El estadio del espejo I. La génesis del sujeto

En entradas anteriores hemos visto cómo el autista se queda sin invitación al baile de lo imaginario. Afortunadamente, la mayoría de las veces el infante es arrancado del narcisismo primario y obligado a jugar sus cartas en lo social.

A partir de hoy, y a través de una serie de artículos introductorios, vamos a analizar cómo se produce la conquista del cuerpo por parte del niño, cómo queda alienado en la imagen del otro y -a partir de esta génesis especular- comienza a adquirir un atisbo de autoconciencia temprana.
Hoy (de la mano de la teorización lacaniana del estadio del espejo) abordaremos dicho eureka y el consiguiente clivaje a la subjetividad.
En proximas entradas, a lo largo de la semana, abordaremos la teatralidad del imaginario y la trampa del lenguaje.