
El primer territorio, reino del Ello, es el único verdaderamente autóctono del continente, una última reserva indígena, un bastión primitivo rodeado de naciones extranjeras. Estas últimas, colonias del Yo y el Superyó, se jactan a su vez de haber traído la cultura y de haber “humanizado” a la población indígena.
Volviendo a la problemática de la materia prima que une y distancia a estas tierras intrapsíquicas, la libido nace en el reino del Ello, brota de sus entrañas y mana de manera salvaje y descontrolada. El oleoducto, el transporte, trasvase y gestión de esta libido, no deja de ser un cauce artificial que las nuevas naciones han construido, y cuyo usufructo o contención administran con mano de hierro. De esta forma, existen aranceles y diques que desvían la libido de su cauce originario, y que mantienen a las tres naciones en un estado de constante negociación.
Con esta metáfora (quizá en exceso infantil, júzguenlo ustedes) queda evidenciado el carácter de dinamia, de movimiento y represión a la que se ven sometidas las diferentes pulsiones (por sí mismas sobradamente activas). Los diferentes estratos de conciencia edifican diques y complejos sistemas de canalización de la libido, sometiendo una energía en origen anobjetal, no ligada y atemporal (hija de los procesos primarios y del principio del placer instintivo) a toda una reconversión de procesos secundarios, de filtrado y refinado social, de ajuste a las nuevas leyes de los mercados exteriores, del principio de realidad.
De nuevo bajo el prisma metapsicológico, el segundo eslabón de nuestra evaluación diagnóstica pasaría por analizar los movimientos que subyacen a lo aparente, los diferentes destinos que aguardan a la expresión libidinal. Un enfoque dinámico también nos urge a evaluar las relaciones que se establecen entre las distintas instancias del individuo, y si estas solventan sus diferencias mediante diferentes soluciones de compromiso o llegan a las manos por la vía sintomática.
Volviendo a la problemática de la materia prima que une y distancia a estas tierras intrapsíquicas, la libido nace en el reino del Ello, brota de sus entrañas y mana de manera salvaje y descontrolada. El oleoducto, el transporte, trasvase y gestión de esta libido, no deja de ser un cauce artificial que las nuevas naciones han construido, y cuyo usufructo o contención administran con mano de hierro. De esta forma, existen aranceles y diques que desvían la libido de su cauce originario, y que mantienen a las tres naciones en un estado de constante negociación.
Con esta metáfora (quizá en exceso infantil, júzguenlo ustedes) queda evidenciado el carácter de dinamia, de movimiento y represión a la que se ven sometidas las diferentes pulsiones (por sí mismas sobradamente activas). Los diferentes estratos de conciencia edifican diques y complejos sistemas de canalización de la libido, sometiendo una energía en origen anobjetal, no ligada y atemporal (hija de los procesos primarios y del principio del placer instintivo) a toda una reconversión de procesos secundarios, de filtrado y refinado social, de ajuste a las nuevas leyes de los mercados exteriores, del principio de realidad.
De nuevo bajo el prisma metapsicológico, el segundo eslabón de nuestra evaluación diagnóstica pasaría por analizar los movimientos que subyacen a lo aparente, los diferentes destinos que aguardan a la expresión libidinal. Un enfoque dinámico también nos urge a evaluar las relaciones que se establecen entre las distintas instancias del individuo, y si estas solventan sus diferencias mediante diferentes soluciones de compromiso o llegan a las manos por la vía sintomática.
1 comentario:
Excelente, Gracias por esa manera de explicacion de un tema tan complejo como lo es la metapsicologia, con ejmemplos metaforicos es muy simple comprenderlo gracias por esa pedagogia
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